Su avance en América Latina. -Carreteras, ferrocarriles, puertos y pasos fronterizos forman parte de una nueva generación de proyectos que busca acercar las zonas productivas del interior sudamericano a los océanos Atlántico y Pacífico. La coordinación entre países, la eficiencia aduanera y la integración logística aparecen como los principales desafíos, según se desprende de una nota de MundoMaritimo.
América Latina avanza en el desarrollo de una red de corredores destinados a mejorar la conexión entre sus principales zonas productivas y los mercados internacionales. El objetivo es diversificar las rutas comerciales, reducir tiempos y costos logísticos y aprovechar el crecimiento del intercambio con Asia.
Las iniciativas combinan carreteras, ferrocarriles, puertos y pasos fronterizos, pero su concreción exige mucho más que obras de infraestructura. La coordinación entre gobiernos, la modernización de los procesos aduaneros y la integración de los distintos modos de transporte serán determinantes para definir la competitividad de estas nuevas rutas.
El Corredor Bioceánico de Capricornio toma impulso
Entre los principales proyectos se encuentra el Corredor Bioceánico de Capricornio, que vincula a Brasil, Paraguay, Argentina y Chile. El trazado previsto conecta Puerto Murtinho, en Brasil, con el territorio paraguayo y continúa por las provincias argentinas de Salta y Jujuy hasta alcanzar los puertos del norte chileno, entre ellos Antofagasta, Mejillones e Iquique.
La extensión estimada se ubica entre 2.400 y 3.200 kilómetros, según el trazado y el puerto de destino. Una de las obras emblemáticas es el Puente de la Bioceánica, que une Puerto Murtinho con Carmelo Peralta, en Paraguay.
El corredor apunta a facilitar el traslado de cargas hacia el Pacífico y, desde allí, hacia los mercados asiáticos. Sin embargo, las obras avanzan a diferentes ritmos y todavía persisten desafíos vinculados con los pasos fronterizos, la seguridad, las obras complementarias y la coordinación de los sistemas aduaneros.
Brasil, Bolivia, Chile y Perú exploran nuevos ejes
Otro de los grandes proyectos es el Corredor Bioceánico Central, que plantea distintas alternativas de conexión entre Brasil, Bolivia, Chile y Perú. La iniciativa busca vincular las zonas productivas del interior sudamericano con los puertos del Pacífico mediante rutas que atraviesen territorio boliviano hacia el norte de Chile y Perú.
Las propuestas incluyen tanto infraestructura vial como ferroviaria. Su desarrollo está condicionado por factores como el financiamiento, las obras todavía pendientes, las características geográficas de los territorios involucrados y la necesidad de alcanzar acuerdos entre varios países.
En este mismo eje, la Carretera Interoceánica Sur constituye una conexión ya operativa entre Brasil y Perú. Con unos 2.400 kilómetros, vincula el estado brasileño de Acre con la red vial peruana que conduce hacia los puertos de Matarani, Ilo y Marcona.
Pese a llevar más de una década en funcionamiento, el uso de esta vía para el transporte internacional de cargas continúa siendo limitado. Paralelamente, distintas iniciativas ferroviarias buscan ampliar las alternativas de conexión entre Brasil y el litoral del Pacífico, incluidas propuestas vinculadas con el puerto de Chancay.
La competitividad logística, la generación de suficiente demanda de carga, el mantenimiento de la infraestructura y los impactos socioambientales de las obras y operaciones en la Amazonía se encuentran entre los principales desafíos.
Una nueva apuesta ferroviaria entre Argentina y Chile
En el centro de la región también aparece el Corredor Bioceánico Longotoma, una iniciativa privada que propone establecer una conexión ferroviaria para cargas entre Mendoza, en Argentina, y Los Andes, en Chile, con continuidad hacia la costa de la Región de Valparaíso.
El proyecto contempla una inversión estimada en US$9.600 millones. El trazado proyectado llegaría hasta La Ligua, donde se prevé la construcción de un centro logístico y un puerto submarino de aguas profundas. También incluye la ampliación del puerto terrestre chileno para aumentar su capacidad de atención de camiones y vehículos.
La iniciativa se encuentra actualmente en etapa de propuesta y búsqueda de respaldo institucional para avanzar en la coordinación binacional. El financiamiento, los estudios de factibilidad, los permisos, la infraestructura necesaria y los acuerdos entre ambos países figuran entre los principales aspectos pendientes.
México consolida su plataforma interoceánica
México desarrolla otro modelo de conexión a través del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT), que integra infraestructura ferroviaria y portuaria con polos industriales para conformar una plataforma logística multimodal.
La Línea Z, de 308,5 kilómetros, conecta Coatzacoalcos con Salina Cruz y se encuentra operativa desde 2023. La Línea FA, de 330,45 kilómetros, comenzó a operar en 2024 y avanza en su conexión con Dos Bocas y la Refinería Olmeca.
A su vez, la Línea K, de 447 kilómetros, ampliará la red hasta Puerto Chiapas y la frontera con Guatemala, aunque todavía mantiene tramos en ejecución. La plataforma incorpora los puertos de Coatzacoalcos, Salina Cruz, Dos Bocas y Puerto Chiapas.
El desafío para México pasa ahora por completar las obras ferroviarias y portuarias, atraer volúmenes suficientes de carga y lograr una integración efectiva entre la infraestructura de transporte, los servicios logísticos y los polos industriales.
Colombia proyecta un nuevo vínculo entre sus dos litorales
Colombia también estudia una conexión ferroviaria de 223 kilómetros destinada a vincular el Pacífico con el Caribe. El proyecto contempla además dos nuevos puertos en Juradó y Titumate, en el departamento del Chocó.
El trazado incluiría unos 28 kilómetros de túneles, 121 kilómetros de viaductos y 72 kilómetros de vía sobre terreno, además de una futura electrificación. La propuesta busca crear una plataforma multimodal que conecte ambos litorales y genere nuevas alternativas para el comercio internacional.
Los estudios de prefactibilidad ya concluyeron y la fase de factibilidad comenzó en mayo de 2026. La complejidad del territorio, la viabilidad económica, la protección ambiental, el financiamiento y la relación con las comunidades serán algunos de los factores decisivos durante la siguiente etapa.
La frontera y los puertos, piezas clave de la nueva logística
Más allá de las obras ferroviarias y viales, el éxito de los corredores dependerá de su capacidad para integrar todos los eslabones de la cadena logística. Carreteras, ferrocarriles y transporte marítimo deberán funcionar como un sistema coordinado, acompañado por terminales, zonas logísticas, infraestructura de acceso y conexiones de última milla.
Los pasos fronterizos representan otro punto crítico. La agilización y digitalización de los procedimientos aduaneros serán necesarias para evitar que los tiempos de espera en las fronteras reduzcan las ventajas obtenidas mediante nuevas carreteras o ferrocarriles.
A esto se suma el desafío de armonizar regulaciones y estándares entre los países involucrados. En corredores que atraviesan varias jurisdicciones, cualquier diferencia normativa o ineficiencia operativa puede afectar la competitividad de toda la ruta.
En definitiva, la relevancia de estos proyectos no estará determinada únicamente por la cantidad de kilómetros construidos ni por la capacidad de sus vías y terminales. Su verdadero desempeño se medirá por el tiempo, el costo y la confiabilidad con que una carga pueda trasladarse desde su lugar de origen hasta un puerto y, posteriormente, hacia su mercado de destino. Esa integración será la clave para que los corredores bioceánicos pasen de ser grandes proyectos de infraestructura a convertirse en verdaderas rutas comerciales internacionales.
Fuente: Mundo Marítimo